Ciencia en Cuarentena: Mauricio Araya

15 · septiembre · 2020

“Se ha perdido un poco el pensamiento reflexivo”

 

A diferencia de otras áreas de investigación, el campo en el que se desarrolla Mauricio Araya, instructor Académico dentro de nuestro Departamento de Electrónica, no se ha visto tan afectado, no obstante, asegura que se ha perdido un poco el pensamiento reflexivo y que de prolongarse esta situación “es bastante probable que sí exista un impacto en la calidad de la investigación”.

 

Pero antes de saber cómo ha sido su quehacer Ciencia en Cuarentena, primero conozcamos un poco más de Mauricio Araya, quien como varios otros académicos de nuestro departamento, también proviene de nuestra Universidad. Mauricio estudió Ingeniería Civil Informática y obtuvo además el grado de Magíster en Ciencias de la Ingeniería Informática en nuestra Casa de Estudio, mientras que su doctorado en Informática lo obtuvo en la Universidad de Lorraine en Nancy, Francia.

 

En nuestra universidad ha desarrollado su investigación principalmente en el área de telemática, en particular en ciencia de datos e inteligencia artificial aplicada. “Trabajo en la creación de sistemas inteligentes para proyectos de alta exigencia tecnológica, como lo son los observatorios astronómicos, la imageneología médica, la física de partículas, la industria altamente automatizada o las ciudades inteligentes. A modo de ejemplo, mis proyectos actuales son 1) repositorios interoperables para la detección de patrones en grandes volúmenes de imágenes médicas, 2) reconstrucción de rayos gamma que interactúan en la atmósfera utilizando aprendizaje de máquinas, 3) creación de capacidades en Latinoamérica para las ciudades inteligentes y 4) uso de técnicas de minería de texto para el análisis de datos genómicos (que recién comienza)” nos cuenta.


PÉRDIDA DEL PENSAMIENTO PAUSADO


Si bien su área de investigación no se ha visto tan afectada, Araya tiene una mirada crítica respecto de lo que se puede haber perdido y ganado en esta nueva forma de hacer investigación y docencia en la Universidad.

 

“La principal diferencia es que se pierde el pensamiento pausado y reflexivo, ya que las tareas del hogar y la dinámica familiar (aunque muy enriquecedora), impiden largos periodos de concentración. Por otro lado, las microcordinaciones con colegas, funcionarios y estudiantes se pierden completamente, por lo que se generan vacíos de información que solo se pueden subsanar con más reuniones que copan la agenda. En el
aspecto docente, los estudiantes se restan bastante más de hacer preguntas y dialogar, por lo que ha sido extenuante forzar esta interacción que ocurre normalmente en el aula” señala.

 

No obstante, es enfático en señalar que se puede hacer investigación a distancia.  “Es bastante posible, siempre y cuando los equipos ya se conocieran y trabajaran desde antes, ya que formar grupos nuevos es más complejo, aunque en mi caso si está ocurriendo. No obstante, dada la pérdida del pensamiento reflexivo que comentaba antes, es bastante probable que si exista un impacto en la calidad de la investigación si esto se prolonga, pero la tarea más mecánica de la investigación, en mi área (inteligencia computacional) es bastante realizable. Otra historia es la investigación que depende de equipamiento específico como en biología o en electrónica de potencia, donde yo intuyo que se hace más complejo” añade.

 
 -¿Cómo crees que afectará a la docencia y a la investigación a futuro lo que estamos viviendo hoy?

-Si bien es indudable que la falta de interacción personal influye negativamente en todo el quehacer, hay otras competencias muy importantes que se están desarrollando, por lo que tiendo a ser optimista de este periodo. La mayoría de las instituciones con que la Universidad se relaciona, han ido adoptando tecnologías que simplifican el trabajo considerablemente, como lo son las reuniones en línea, las firmas con certificado electrónico, los calendarios compartidos, los documentos colaborativos en la nube, etc. Si bien creo que la interacción personal nunca podrá ser reemplazada del todo, espero que la adopción de estas tecnologías se mantenga en el tiempo, y así movilizarse menos (por ejemplo a Santiago), escanear menos, compaginar menos, mientras se enseña más, se investiga más, e incluso se descansa más. El catalizador de la pandemia no es la forma ideal de lograr esto, pero si creo que se existirán estas externalidades positivas. Lo
negativo es que ya vemos como el presupuesto nacional para investigación, que tanto ha costado conseguir, se ve amenazado por la priorización de recursos a otras áreas más vitales. Otra externalidad negativa es la falta de sentido de comunidad universitaria a todo nivel. Esas relaciones se construyen día a día en los patios, pasillos y comedores, y a veces es difícil recomponer esas dinámicas cuando se quiebran.

 

 -¿Qué es lo que más extrañas?

-El feedback que las expresiones corporales de los estudiantes, funcionarios y colegas te entregan en una conversación. Mi oficina, donde todo está optimizado para mi trabajo.


-¿Cuándo crees que se normalizará todos?

-Primer semestre 2021 será presencial, pero con resguardos. El segundo semestre ya volvemos a la normalidad.

 

-¿Qué has aprendido de todo lo que estamos viviendo hoy?

-Descontando las herramientas tecnológicas para enfrentar el quehacer, creo que lo más importante es la importancia del lenguaje no verbal.


-¿Qué crees que la humanidad pueda aprender de esto?

-Si. Estamos siempre aprendiendo.

 

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